CEFALEAS Y MIGRAÑAS (DOLORES DE CABEZA)
Las cefaleas son uno de los trastornos neurológicos más frecuentes y más incapacitantes. Es fundamental llegar a un diagnóstico adecuado para diseñar un tratamiento a medida y poder mejorar al paciente.
La mayoría de las cefaleas son primarias, es decir no se deben a ninguna lesión, por lo que podemos estar tranquilos. Sin embargo, en caso de cefaleas que despierten por la noche al paciente, que aparezcan con los esfuerzos (tos, hacer de vientre, etc.), que sean como una explosión dentro de la cabeza, que aparezcan con la fiebre, en pacientes mayores que nunca les ha dolido la cabeza, aumenten progresivamente de intensidad o presenten síntomas neurológicos (no poder hablar, pérdida de fuerza, entre otros) deberíamos consultar a nuestro médico.
También nos debe preocupar si nuestra cefalea primaria (migraña, por ejemplo) es cada vez más frecuente y necesitamos muchos analgésicos, ya que puede estar cronificándose y es importante poner un tratamiento específico.
Cuando un paciente presenta una cefalea lo primero que hacemos es intentar distinguir si se trata de una cefalea primaria, es decir, la cefalea es la enfermedad y no es debida a tumores o otras alteraciones. O si es secundaria, el paciente presenta una enfermedad que le produce la cefalea. Para ellos son importantes los signos de alarma que resumimos en la imagen.
La migraña es una de las cefaleas más frecuentes e incapacitantes. La migraña es una cefalea recurrente y episódica caracterizada por una combinación de síntomas neurológicos, gastrointestinales y autonómicos. Es un cuadro que no es igual en todos los pacientes, variando los ataques en intensidad, duración y frecuencia entre las personas y en cada persona en el transcurso del tiempo.
La típica cefalea de la migraña es de un lado y cambiante de una crisis de dolor a otra, (aunque puede ser bilateral o iniciarse unilateralmente para posteriormente generalizarse), pulsátil como un corazón en la mayoría de los pacientes. Los episodios, con intensidad moderada o grave, y aumenta con la actividad física o el simple movimiento de cabeza. Puede presentarse en cualquier momento del día, pero ocurre más a menudo en el amanecer. El inicio del cuadro es habitualmente gradual, llega a su cumbre y entonces va disminuyendo de intensidad y desaparece generalmente entre 4-72 horas. El dolor de la migraña está invariablemente acompañado de manifestaciones vegetativas.
La cefalea tipo tensión o tensional es la más frecuente. El dolor se describe como una opresión o «peso» cefálica sin carácter pulsátil en la mayoría de los pacientes. La localización del dolor es en toda la cabeza en la mayoría de los pacientes, aunque puede fluctuar a lo largo de los días llegando a presentarse unilateralmente en algunos enfermos. Es llamativo la ausencia de empeoramiento con las actividades físicas, hallazgo característico de las cefaleas migrañosas. La intensidad del dolor es leve-moderada, aunque existe una mayor severidad en los pacientes que presentan la forma crónica diaria.
Los síntomas acompañantes de la migraña están ausentes en la mayoría de los sujetos a excepción de sensación nauseosa ocasional. Síntomas que se asocian con frecuencia son la astenia, alteraciones del sueño o sensación de inestabilidad de la marcha.
EPILEPSIA
La epilepsia es una alteración del cerebro que da lugar a crisis epilépticas. Las crisis o ataques epilépticos son episodios de alteración de la función del cerebro. Durante ellos se altera la señal eléctrica que utilizan las neuronas para comunicarse entre sí. Esto afecta a otras células y la señal eléctrica se propaga a otras partes o a todo el cerebro.
Las crisis epilépticas afectan a la corteza cerebral, la sustancia gris que envuelve el cerebro. La corteza alberga funciones cerebrales que requieren nuestra voluntad (por ejemplo, hablar, pensar, memorizar, mover los músculos, prestar atención) y es la que recibe información de los órganos de la visión, el oído, el tacto, el olfato y el gusto.
Cuando se produce una crisis epiléptica se alteran una o varias de estas funciones, por este motivo, los síntomas durante las crisis epilépticas son muy variables, y reflejan la función de la parte de la corteza cerebral que ha sufrido la alteración de la transmisión neuronal. Las neuronas que son afectadas por una crisis pierden transitoriamente su función debido a que durante la excitación eléctrica consumen toda su energía disponible.
Hay muchos tipos de crisis epilépticas y de epilepsias. Identificar el tipo de epilepsia es importante para determinar la gravedad, el pronóstico, la posibilidad de que existan otros familiares afectados, las causas más probables y el tratamiento más eficaz.
Las crisis se dividen en dos grupos principales: crisis focales o parciales y crisis generalizadas. Las crisis focales se originan en una región circunscrita de la corteza cerebral, y desde ahí pueden propagarse a otras regiones. Si se asocian con confusión o alteración de la conciencia se denominan crisis parciales complejas, si no se asocian con alteración de la conciencia crisis parciales simples. Las crisis generalizadas se originan simultáneamente en toda la corteza cerebral y siempre se asocian con alteración de la conciencia.
Existen numerosas formas de tratamiento para la epilepsia. En algunos tipos de crisis epilépticas, puede no ser necesario el tratamiento, esta decisión debe ser adoptada por el médico, nunca por el paciente o su familia de forma unilateral. La mayoría de los casos de epilepsia requieren tratamiento médico.
La mayoría de las epilepsias se controlan con un fármaco antiepiléptico utilizado de forma adecuada. Si con el fármaco a las dosis habituales no se consigue el control completo de los ataques suele ser necesario incrementar la dosis, cambiar de medicamento. Cuando se han probado varios medicamentos antiepilépticos sin obtener resultados aceptables es recomendable reevaluar el diagnóstico y puede ser el momento indicado para evaluar terapias alternativas.
Cirugía de la epilepsia: La selección de los pacientes que pueden responder al tratamiento con cirugía se realiza en centros o programas especializados. Se debe realizar una evaluación completa con el apoyo de neuropsicólogo, neuroradiólogo y otros especialistas. En esta evaluación se identifica si el paciente presenta una epilepsia que puede responder al tratamiento quirúrgico, si ha recibido el tratamiento médico correcto, y qué tipo de intervención es la más idónea.
Por último, la radiocirugía está en fase experimental. El principio de la radiocirugía es crear una lesión de extensión limitada mediante un haz de radiación gamma en el foco epiléptico.
ENFERMEDAD DE PARKINSON
El Parkinson es una enfermedad neurodegenerativa del sistema nervioso, de alta prevalencia en la población; la segunda en frecuencia después de la enfermedad de Alzheimer.
La edad de inicio más frecuente está entre los 60 y 69 años. Su aparición está en relación con la edad, ya que el envejecimiento es causa conocida de las enfermedades neurodegenerativas. Así, afecta a 3-4 casos por 100.0000 habitantes en población menor de 40 años y más de 500 casos por 100.0000 habitantes en población mayor de 70 años.
Hasta la fecha, la causa que la produce es desconocida. Se han involucrado algunas sustancias tóxicas y se han descrito diferentes mutaciones genéticas que condicionan formas de la enfermedad (con mayor frecuencia en población joven). Hoy día se cree que la causa está probablemente relacionada con la interacción de factores genéticos y medioambientales.
Su forma clínica de manifestarse es con enlentecimiento en la iniciación y realización de los movimientos, llamado bradicinesia. De forma gradual, todos los actos motores de un sujeto se van enlenteciendo precisando cada vez más tiempo para actividades de la vida diaria como vestirse, comer, asearse, etc.
Cuando la enfermedad comienza en las extremidades de un lado del cuerpo, el paciente puede notar dificultad para escribir, abotonarse la ropa o partir la comida, pero si el lado que primero se afecta es el izquierdo, puede pasar desapercibida por más tiempo.
Si esto aparece en personas mayores, al ser un proceso gradual el paciente lo percibe como algo en relación con el envejecimiento y puede no darle importancia y por tanto no consultar al médico. Algunos pacientes presentan temblor de reposo en una extremidad, signo más fácil de identificar como algo anormal para que el paciente consulte.
Desde su descripción la clínica de la enfermedad está representada por problemas motores: temblor, bradicinesia, rigidez, y en la evolución problemas de la marcha y estabilidad. Estos signos son además, a día de hoy, la clave para el diagnóstico, es decir el diagnóstico es “clínico” y no existe ninguna prueba diagnóstica que sustituya la información que proporcionan los síntomas y la exploración del paciente.
Puede ocurrir incluso años antes del diagnóstico que el paciente presente reducción del olfato, estreñimiento, alteración del sueño REM (sueños vívidos) o depresión. Durante la evolución de la enfermedad la fatiga, dolores de causa no precisada, trastornos del sueño, alteración de la sudoración o control de la micción, así como diferentes alteraciones del ánimo, la conducta y en ocasiones la cognición, acompañan de forma variable a cada paciente.
Se dispone hoy día de diferentes tratamientos farmacológicos que son muy eficaces a nivel de combatir los síntomas y permitir que el paciente pueda realizar una vida normal. Hay que descartar firmemente la idea de que tras un diagnóstico de Parkinson el sujeto estará en unos años en silla de ruedas.
Tratamiento quirúrgico: La selección de los pacientes que pueden responder al tratamiento con cirugía se realiza en centros o programas especializados. Se debe realizar una evaluación completa y cumplir con las indicaciones para una cirugía, para obtener los mejores resultados.
DEMENCIAS
La enfermedad de Alzheimer es la demencia primaria más común. Suele presentar un curso progresivo y característicamente afecta a distintas funciones cognitivas y conductuales. Quizá el síntoma cardinal y con más frecuencia de debut sean los fallos de memoria, que refleja la afectación precoz del hipocampo que ocurre al inicio en esta enfermedad. Pero posteriormente se observará la afectación de otras áreas cognitivas y conductuales que definirán la demencia.
Afecta a un 5-15% de la población mayor de los 65 años, aunque también puede afectar a pacientes más jóvenes. Representa más del 50% de las demencias. Como factores de riesgo para padecerla además de la edad destaca la presencia de antecedentes familiares, los factores de riesgo vascular y los TCE graves. Parece que el disponer de un buen nivel educacional permite al paciente disponer de una reserva cognitiva y retrasar el debut de la enfermedad.
Típicamente el paciente tendrá dificultad para aprender nueva información e irá perdiendo aquellos hechos que ha adquirido más recientemente (gradiente temporal). La información más antigua “aguantará” hasta fases más tardías.
Posteriormente aparecerán otros síntomas como la alteración ejecutiva con dificultades para hacer planificaciones, pérdida de flexibilidad en el pensamiento o dificultad para realizar acciones no aprendidas. También se sumarán los clásicos síntomas afaso-apraxo-agnósicos, con alteración del lenguaje, problemas para realizar movimientos aprendidos o para reconocer a los familiares u objetos cotidianos.
Además de los síntomas cognitivos los pacientes pueden presentar síntomas neuropsiquiátricos como depresión, apatía, ansiedad, agitación, alucinaciones o delirios. La depresión es un síntoma importante que ha sido considerado desde un factor de riesgo hasta un síntoma precoz de la enfermedad. Se debe distinguir de la apatía que es la falta de iniciativa de los pacientes, pero sin la emotividad negativa típica de la depresión. La ansiedad es frecuente en las fases iniciales y es importante tratarla. Finalmente, como síntomas muy disruptivos están las alucinaciones y delirios que en la enfermedad de Alzheimer suelen ser relativamente tardíos, diferenciándola de la demencia con cuerpos de Lewy.
Es muy importante tener en cuenta la situación del paciente para tomar las decisiones adecuadas en cada momento. En etapas iniciales apoyarle y permitir y potenciar la autonomía, pero también saber los momentos en los que deberemos plantearnos una incapacidad.
El tratamiento de la enfermedad de Alzheimer se sustenta fundamentalmente en dos pilares complementarios: el tratamiento no farmacológico y el tratamiento farmacológico.
Dentro del tratamiento no farmacológico la estimulación cognitiva es fundamental en las fases iniciales. Consiste en la realización de una serie de actividades que buscarán el mantenimiento de las funciones cognitivas afectas por la enfermedad. Busca potenciar la reserva de la persona. Se pueden llevar con grupos reducidos o de manera individual. Cuando se realiza con grupos es fundamental que todos los pacientes presenten un nivel cognitivo y educacional similar.
Dentro del tratamiento farmacológico disponemos de fármacos específicos para la enfermedad, y otros tratamientos bajo suscripción médica por su médico especialista.
ENFERMEDAD VASCUAR CEREBRAL
El concepto de enfermedad vascular cerebral se refiere a todo trastorno en el cual un área del encéfalo se afecta de forma transitoria o permanente por una isquemia o hemorragia, estando uno o más vasos sanguíneos cerebrales afectados por un proceso patológico. Según su naturaleza, la enfermedad cerebrovascular se puede presentar como isquemia (85% de casos), cuando acontece una disminución del aporte sanguíneo cerebral de forma focal o total, o bien como como hemorragia (15%), cuando se evidencia la presencia de sangre en el parénquima (hemorragia intracerebral) o el interior de los ventrículos cerebrales (hemorragia intraventricular), o bien en el espacio subaracnoideo (hemorragia subaracnoidea). Los accidentes isquémicos transitorios o AIT son episodios de isquemia transitoria de duración inferior a las 24 horas. De forma característica son reversibles y no existe déficit neurológico permanente tras su finalización. Los mecanismos de producción y los subtipos etiológicos son similares en cualquier tipo de isquemia cerebral, sea un AIT o un infarto cerebral. Según las manifestaciones clínicas, pueden ser retinianos (amaurosis fugax), hemisféricos cerebrales y también de cerebelo y tronco-encéfalo. Según el territorio vascular afectado, pueden ser carotídeos o vértebro-basilares. Es imprescindible una evaluación detallada de estos pacientes, que deberán someterse a un seguimiento clínico estrecho, lo cual nos posibilitará realizar un diagnóstico de certeza y un tratamiento preventivo adecuado.
En una enfermedad vascular cerebral, los síntomas más recurrentes son:
Alteración repentina de la visión en un ojo o ambos
Pérdida repentina de la fuerza en un brazo, una pierna o ambos
Sensación de hormigueo en la cara, brazo o pierna
Aparición repentina de problemas para hablar y/o entender lo que se escucha, acompañada por balbuceo, desequilibrio o inestabilidad, dolor de cabeza.
Factores de riesgo se dividen en no modificables como la edad, el sexo. Contribuyentes como el alcoholismo, tabaquismo, inactividad física, obesidad. Modificables o tratables como la presión arterial alta, diabetes mellitus, niveles de colesterol elevados. El riesgo aumenta dependiendo del número de factores de riesgo que se presenten.
En México, la enfermedad vascular cerebral ocurre en 118 personas por cada 100,00 habitantes al año. En países como el nuestro, según la OMS para este año se proyecta como la primera causa de muerte, la primera causa de discapacidad en adultos y la segunda causa de demencia.
La probabilidad de que la EVC se repita en la persona en un lapso de 2 años, es del 10 al 22%.
Para disminuir las secuelas, es importante la rehabilitación física que debe iniciarse lo más rápido posible. Se recomienda que sea multidisciplinaria y constante, de 3 a 6 meses después de la enfermedad vascular cerebral.
Los servicios de rehabilitación pueden incluir terapia física, ocupacional del lenguaje, auditiva y recreacional.
El tratamiento médico y/o quirúrgico es fundamental en las primeras horas del evento vascular cerebral para la mejoría del paciente.
ANEURISMA CEREBRAL
El aneurisma es una dilatación de la pared de una arteria. Se produce por un fallo de una de las capas que forman dicha pared arterial. Una vez que comienza a ceder la pared arterial, el fenómeno suele ser progresivo, va cediendo la pared, con el riesgo de que llegue romperse y provoque una hemorragia grave que puede llegar a producir la muerte. Cuando se localiza en las arterias cerebrales, se denomina aneurisma cerebral.
El aneurisma cerebral tiene una incidencia de unos 10 casos por cada 100.000 habitantes al año y afecta, sobre todo, a personas de entre 40 y 60 años de edad.
El principal síntoma es el dolor de cabeza súbito e intenso. Puede aparecer tras realizar un esfuerzo físico notable que provoque una subida de la tensión arterial. Esta cefalea suele ir acompañada de náuseas, vómitos, rigidez en la nuca. Esta cefalea se deba al paso de sangre desde la arteria al espacio donde circula el líquido cefalorraquídeo (espacio subaracnoideo-hemorragia subaracnoidea).
Dependiendo de la gravedad de la hemorragia, se puede perder el conocimiento durante segundos o quedar en una situación de coma grave o incluso la muerte prácticamente instantánea. Por lo general, hay pocos signos focales de afectación del sistema nervioso.
La mayoría de los aneurismas cerebrales son congénitos, debida a una anormalidad innata en la pared arterial y no suelen manifestarse hasta los 40 años. Otras posibles causas que pueden producir o favorecer la aparición de un aneurisma cerebral son la hipertensión arterial, arteriosclerosis, infecciones, tumores, además de hábitos de vida poco saludables, como el tabaquismo. Muy rara vez los traumatismos llegan a producir una dilatación aneurismática por lesión directa de la pared arterial.
Para hacer un buen diagnóstico de los aneurismas cerebrales lo primero es pensar en ellos. En que esa cefalea súbita y de intensidad notable puede ser debido a una hemorragia subaracnoidea aneurismática. Este tipo de hemorragia es prácticamente debido, en un 80% de los casos, a la rotura aneurismática.
Ante los síntomas de una hemorragia subaracnoidea, lo primero que hay que hacer es un TAC cerebral que permite ver si se ha producido ya una hemorragia, tanto subaracnoidea como intracerebral. Cuando existen dudas no despejadas por el TAC, se hace una punción lumbar con el fin de ver si en el líquido cefalorraquídeo hay sangre o, si por el contrario, pudiéramos estar ante una posible meningitis.
La rotura del aneurisma cerebral puede provocar la muerte en las primeras horas en más de un 50 por ciento de los casos. El tratamiento es complejo y debe ser realizado de forma coordinada por un equipo multidisciplinar en el que estén presentes Urgenciólogos, Neurólogos, Neurocirujanos, Anestesiólogos, Intensivistas y especialistas en Terapéutica Endovascular.
El tratamiento del aneurisma consiste en excluirlo de la circulación arterial. Las técnicas quirúrgicas, en la mayoría de los casos, cierran el aneurisma colocando una pequeña pinza llamada clip en el cuello del aneurisma preservando el resto de la circulación. La cirugía consigue cerrar los aneurismas en casi el 100% de los casos.
MALFORMACIONES ARTERIOVENOSAS (MAVs)
Son malformaciones congénitas consistentes en ovillos vasculares con vasos aferentes arteriales y venas de drenaje, ambos displásicos, con fístulas arteriovenosas y sin intervenir la fase capilar. Todo ello dentro del parénquima cerebral y sin parénquima dentro de la MAV. Pueden ser crípticas (< 2cm.) o gigantes. La incidencia es de: 1-2 casos/100.000 habitantes. Son 5 veces menos frecuentes que los aneurismas. La clínica aparece en pacientes jóvenes, entre 20 y 40 años. 2/3 se diagnostican antes de los 30 años.
Las MAVs se manifiestan a través de diferentes cuadros clínicos:
A.- Hemorragia. – En el 40-60% de los casos. Suele ser intracerebral. La edad de presentación es alrededor de los 20 años. Tiene una mortalidad del 10% y una morbilidad del 40-50%. Tienen un riesgo de resangrado, en su evolución natural, de un 3% acumulativo al año. Parece que las MAV de pequeño tamaño pueden tener mayor riesgo de resangrado en comparación con las MAV de gran tamaño. La clínica es de cefalea intensa y brusca, junto a déficit neurológico focal.
B.- Epilepsia. – Es el síntoma inicial en el 20-30% de los casos. Suele aparecer tras la crisis focal un déficit neurológico transitorio. Es interesante que el 90% de las MAVs que sangran no tienen historia precedente de epilepsia. Pero el 20% de las MAV que se presentan con epilepsia van a presentar un cuadro hemorrágico alguna vez. Es patognomónico de MAV el hecho de una persona joven (< 20 años), con historia de epilepsia y que presenta una hemorragia cerebral.
C.- Déficits focales progresivos. – Debidos a un efecto isquémico por robo de flujo de la MAV sobre territorios sanos circundantes.
D.- Otros síntomas. – Cefaleas uni o bilaterales, ruido, insuficiencia cardíaca (en niños), hidrocefalia.
La angio-TAC visualiza la MAV con gran claridad. La RM y Angio-RM permiten ver mejor las características anatómicas de la MAV y su relación con el parénquima cerebral. El estudio angiográfico cerebral confirma la presencia de la MAV y localiza con mayor precisión los vasos aferentes (normales y hacia la MAV) y venas de drenaje.
Todas las MAVs deben de ser tratadas por el riesgo de sangrado y por producir epilepsia. En teoría el tratamiento debe ir encaminado a excluir todo el lecho vascular malformativo de la circulación cerebral; si permanece parte de la MAV persiste el riesgo de resangrado.
En la actualidad se disponen de varias técnicas para conseguir los objetivos destacando la microcirugía sobre el resto de las técnicas ya que permite la extirpación completa en prácticamente el 100% de los casos. Pero, según el tipo de MAV, localización y experiencia del equipo quirúrgico, puede llevar desde 0 a un 15% de morbimortalidad.
Las indicaciones están claras en las MAVs pequeñas o de tamaño intermedio, localizadas en superficie cerebral o cerebelosa. Más compleja es la decisión en MAV de gran tamaño y en zonas cerebrales elocuentes. Por este motivo el tratamiento de una MAV debe hacerse dentro de un equipo formado por neurocirugía, neuroradiología vascular intervencionista y radioterapia-radiocirugía. Y no tomar decisiones los diferentes especialistas por separado.
TUMORES CEREBRALES
Los tumores ocasionan el 1 % de las muertes; aunque, si se añadieran todos los tipos de metástasis, esta cifra se elevaría. Pero así como en el adulto es una enfermedad relativamente rara, en los niños es la segunda enfermedad grave más frecuente después de la leucemia.
A pesar de la importancia del órgano sobre el que asientan y al que lesionan, el tratamiento correcto puede conseguir la curación o prolongar de forma significativa la vida, aunque es fundamental un diagnóstico precoz.
Los tumores cerebrales tienen una serie de características que los diferencian del resto de tumores del organismo, como es que rara vez metastatizan fuera del cráneo y tienen una tendencia a recidivar o crecer en el mismo lugar. Otra diferencia importante es que, a medida que avanza la edad, las probabilidades de que el tumor sea benigno van en aumento; así, pasados los 70 años, los porcentajes de tumores benignos, en relación con los malignos, pueden llegar a ser igual o superior.
Los tumores cerebrales presentan una incidencia aproximada en la población general de 5-10 casos nuevos /100.000 habitantes/año.
La máxima incidencia se da en varones a los 60-65 años y en mujeres a los 55-60 años. Son más infrecuentes a partir de los 65 años.
Por lo general, son más frecuentes en varones que en mujeres. Hay tumores que tienen predilección por el varón, como los tumores neuroectodérmicos primitivos (meduloblastoma o pinealoblastoma), el glioblastoma o el craneofaringioma. Otros, si embargo, tienen predilección por la mujer, entre los que destaca el meningioma.
En la edad pediátrica, son más frecuentes en la infancia y menos en la adolescencia.
Los tumores van a dar dos tipos de síntomas:
A.- Síntomas generales. – A consecuencia de la situación de Hipertensión Intracraneal (HIC) que genera el crecimiento tumoral dentro de la estructura rígida e inextensible que es el cráneo. El síndrome clínico de HIC consiste en cefaleas, náuseas, vómitos y edema de papila. De forma progresiva se va a ver afectado el nivel de conciencia (normal, bradipsiquia, desorientación témporoespacial, estupor o agitación, coma con respuesta al dolor localizándolo, flexionando extremidades o extendiendo, hasta llegar a la muerte cerebral). Este síndrome se va a ver agudizado si se produce una hidrocefalia obstructiva o aparece un cuadro de hemorragia brusca intratumoral.
B.- Síntomas focales. – Van a ser de dos tipos: por déficit funcional, dependiendo de la localización tumoral (hemiplejia, afasia, hemianopsia, dismetría, afectación de pares craneales, etc), o por irritación y exceso de función como la epilepsia parcial o focal.
En el momento actual las pruebas diagnósticas más importantes son la Tomografía Axial Computarizada (TAC cerebral) y la Resonancia Magnética (RM). Ambas pruebas se complementan.
El tratamiento es multidisciplinario, ocupando la neurocirugía un sitio central clave.
TRAUMATISMO CRANEOENCEFALICO
La importancia de los traumatismos craneoencefálicos (TCE) es obvia, por la frecuencia con que se producen y la morbilidad e incluso alta mortalidad que ocasionan.
Las cifras reales son difíciles de conocer, pero oscilan alrededor de 2.000 urgencias atendidas por 100.000 habitantes. De éstas, 300 pacientes van a precisar ingresos hospitalarios y alrededor de 10 personas por 100.000 habitantes fallecen a consecuencia de un TCE
Los TCE llegan a ocasionar el 1% de todas las muertes. Son la causa del 25% de las muertes por traumatismos y del 50% de las muertes ocasionadas por accidentes de tráfico.
De los pacientes que han sufrido graves traumatismos y mueren antes de llegar al hospital, 2/3 es a causa de las lesiones múltiples recibidas y hasta un 10% por las lesiones a nivel cervical.
Una vez que llegan al hospital, los TCE graves mueren en un 35% debido a lesiones primarias cerebrales, un 50% o más debido a lesiones expansivas secundarias y un 8% a causa de complicaciones extracraneales.
Las posibilidades de sufrir un TCE existen a lo largo de toda la vida, destacando:
– Vida intrauterina: Lesiones por existencia de tumores uterinos que pueden afectar la cabeza del feto.
– Parto: Fracturas por fórceps o cefalohematomas por ventosa.
– Primera infancia: Hematomas subdurales por manejo poco cuidadoso, accidentes en el domicilio o malos tratos.
– Segunda infancia: Caídas, accidentes de tráfico, «síndrome del niño apaleado».
– Joven-Adulto: Accidentes de trabajo, tráfico y deportes.
– Vejez: Caídas casuales, accidentes de tráfico.
El daño que sufre el cerebro después de un traumatismo craneoencefálico se debe, por una parte, a la lesión primaria (contusión) directamente relacionada con el impacto sobre el cráneo o con el movimiento rápido de aceleración/desaceleración, y por otra parte, a la lesión secundaria (edema, hemorragia, aumento de la presión en el cráneo, etc.) que se desarrolla a raíz de la lesión primaria durante los primeros días tras el accidente y que puede conllevar graves consecuencias en el pronóstico funcional.
A pesar de los avances en el campo de la neurología y la investigación de sustancias que puedan favorecer la regeneración nerviosa, en la actualidad, la recuperación completa tras un traumatismo craneoencefálico es difícil. Sin embargo, la neurorrehabilitación dispone de métodos para ayudar a la persona afectada por un daño cerebral a optimizar la recuperación de sus funciones, potenciar sus capacidades conservadas y ayudarla a adaptarse a sus limitaciones, con la finalidad de conseguir la máxima autonomía posible.
La cirugía juega un papel importante en el tratamiento de las lesiones primarias y secundarias del traumatismo craneoencefálico y del edema cerebral resultante.
PATOLOGIA RAQUIMEDULAR
TRAUMATISMOS RAQUIMEDULARES DE LA REGION CERVICAL
Los traumatismos de la columna cervical son los más frecuentes y más severos neurológicamente, en especial los que afectan a las tres primeras vértebras.
TRAUMATISMOS RAQUIMEDULARES DE REGION DORSAL.
La mayoría de las lesiones vertebrales ocurren en flexión y la luxación, si se produce, es anterior.
TRAUMATISMOS RAQUIMEDULARES DE LA REGION LUMBAR.
La etiología más frecuente son los accidentes de tráfico, laborales, seguido de heridas, agresiones.
FRACTURAS PATOLOGICAS
Hay dos causas principales: Osteoporosis y Metástasis. Suelen ser de aparición brusca ante un mínimo esfuerzo o traumatismo, por lo que también se denominan fracturas espontáneas.
Tratamiento dependiendo del nivel de la lesión.
HERNIAS DISCALES
La degeneración del disco intervertebral se produce por diferentes factores entre ellos los mecánicos, por estrés continuado debido a excesos de carga o posturas inadecuadas.
En la clínica podemos distinguir diferentes tipos de cuadros, aisladamente o combinados:
Cervicalgia o lumbalgia: Suele ser el síntoma inicial. Se presenta con dolor en parte posterior del cuello y con el cuello rígido y doloroso a la movilización., o bien en la parte baja de la espalda.
Radiculopatía: Dolor proximal irradiado por dermatomas de extremidades superiores e inferiores. Puede acompañarse de parestesias en zonas distales, con afectación sensitiva, motora o mixta.
Mielopatía cervical: La espondilosis cervical va a afectar de forma muy lentamente progresiva a la médula espinal, debido a dos procesos superpuestos: compresión directa medular por los osteofitos y procesos de isquemia medular, por microtraumatismos en la dinámica cervical.
Insuficiencia vertebrobasilar: La compresión de la arteria vertebral por osteofitos puede ocasionar cuadros de mareos con la rotación de la columna cervical.
Síndrome de Cola de Caballo: Ocasionalmente, grandes hernias mediales pueden comprimir masivamente las raíces de la cola de caballo, dando lugar a un cuadro sugerente de tumor intrarraquídeo con dolor lumbar, paraparesia flácida y trastornos de esfínteres (retención urinaria y estreñimiento).
El diagnóstico es con Rayos X, Tomografía, Resonancia magnética y estudios neurofisiológicos.
La intervención quirúrgica admitida hoy día como “gold standard” es la microdiscectomía. Consiste en la extirpación del material discal, tanto el herniado como el que queda en el espacio discal intervertebral, utilizando técnicas microquirúrgicas. En manos expertas los resultados son satisfactorios en más del 80 % de los pacientes intervenidos.
TUMORES RAQUIMEDULARES
Tumores primarios intramedulares: Constituyen el 15% de los tumores raquimedulares:
Ependimomas: Derivan del epitelio ependimario. Aparecen entre la segunda y sexta década de la vida, con ligero predominio en varones y dan lugar a masas intramedulares bien delimitadas que se extienden a lo largo de varios cuerpos vertebrales.
En la RM es fácil el diagnóstico de lesión intramedular, aunque en ocasiones es difícil de diferenciar de un astrocitoma.
El tratamiento es quirúrgico y en muchas ocasiones hay un plano de clivaje que permite su resección completa respetando la función medular. Es esencial el control neurofisiológico intraoperatorio.
La radioterapia puede completar el tratamiento, sobre todo en casos de ependimoma de cola de caballo, en que es prácticamente imposible la extirpación completa.
Astrocitomas: Son los tumores intramedulares que siguen en frecuencia. Suelen ser de bajo grado de malignidad y generalmente de tipo pilocitico. Predominan en la tercera década de la vida, más frecuentes en varones.
Dado que la extirpación es imposible, hoy día se están haciendo esfuerzos diagnósticos con la RM para diferenciarlos del ependimoma, con el fin de evitar una intervención que sólo nos va a permitir un diagnóstico de certeza, pero no su extirpación.
La radioterapia es el único tratamiento a nuestro alcance en el momento actual.
Tumores primarios intradurales extramedulares: Tumores benignos: Representan el 25 % de los tumores raquimedulares. Los más frecuentes son dos: meningiomas y schwannomas.
Schwannoma: Son los más frecuentes. Se trata de neoplasias benignas que se desarrollan a partir de las vainas nerviosas.
Aparecen entre la 3 y 6ª década de la vida, con discreto predominio por el sexo masculino.
El tratamiento es quirúrgico, con extirpación completa de la lesión.
Meningioma: El segundo tumor en frecuencia es el meningioma, que en su localización espinal representa la 1/4 parte del total de los meningiomas. Son benignos generalmente y sólo en raras ocasiones tienden a ser invasivos. El diagnóstico y tratamiento son similares al anterior.
Tumores óseos: Son menos frecuentes, entre ellos el osteoma osteoide, el osteocondroma, el osteoblastoma, el condrosarcoma, el osteosarcoma, el mieloma múltiple y las metástasis.
El tratamiento es cirugía, radioterapia y quimioterapia para muchos de ellos.
INFECCIONES RAQUIMEDULARES
Osteomielitis, Discitis, Abscesos Epidurales Piógenos, Tuberculosis raquimedular.
Puede ser necesario el tratamiento quirúrgico y, en muchas ocasiones, de urgencia. No se debe de abrir la duramadre, tras realizar la laminectomía. Se completa con tratamiento antibiótico.
